La encimera puede estar despejada por la mañana y quedarse pequeña en cuanto llega la hora de cenar. Sacas la tabla, lavas las verduras, preparas una sartén y dejas los platos listos para servir. Cada cosa es necesaria, pero todas quieren ocupar el mismo sitio. La cuestión no es cuántas baldas nuevas caben en la cocina, sino qué parte de la encimera necesitas libre mientras preparas la comida.
Una cena, tres momentos de atasco
Imagina que preparas pasta con verduras. Antes de empezar sacas la olla, la sartén, el colador, los platos y todos los ingredientes. La encimera ya está llena y todavía no has cortado nada. Prueba a sacar primero solo lo que hace falta para preparar las verduras. Cuando estén en la sartén y la tabla quede libre, habrá sitio para la olla y los platos. El colador puede esperar hasta que el agua esté a punto de hervir. No has ganado ni un centímetro, pero has evitado que tres fases de la cena compitan por él a la vez.
Fíjate también en el paso de la tabla a la sartén. Las verduras cortadas necesitan un lugar de espera; las pieles y los envoltorios, otro destino. Dos cuencos que ya tengas en casa son suficientes. Si te detienes una y otra vez porque no sabes dónde apoyar un plato, esa es la zona que conviene despejar antes de comprar más accesorios.
Reserva un sitio para cortar
Una tabla necesita algo de espacio alrededor: para los ingredientes enteros, para los ya cortados y para dejar el cuchillo sin tropezar con otro objeto. No hace falta darle media cocina. Sí conviene poder usarla sin mover el hervidor o la cafetera a cada paso.
Empieza por lo que ocupa sitio todo el día y apenas participa en la preparación. El rollo de papel de cocina es un ejemplo pequeño. Si siempre acaba junto a la tabla, un soporte adhesivo bajo un armario puede mantenerlo cerca sin ocupar la encimera. Comprueba hacia dónde se abre la puerta, si se puede tirar del papel cómodamente y cómo cambiarás el rollo. Si el único lugar posible resulta incómodo o queda demasiado cerca del fuego, basta con moverlo a otro estante.
Un sitio para cada cosa cuando termina la cena
Hay objetos que quedan muy bien en una foto mientras se usan. Lo menos fotogénico llega después: dónde se secan, dónde se guardan y qué hay que sacar para volver a utilizarlos. También durante la preparación viene bien un pequeño espacio de paso para una cuchara que sale de la sartén o un plato listo para servir. Si todo acaba encima de la tabla, cada cambio de tarea interrumpe la siguiente.
Da a cada utensilio dos lugares: uno durante la preparación y otro cuando ya está limpio y seco. Si no existen ambos, prueba primero a cambiar el orden de la cena. Lava y corta las verduras antes de sacar los platos para servir, o despeja la tabla antes de retirar la sartén del fuego. Así descubrirás qué momento necesita más superficie y cuál solo necesitaba que no saliera todo a la vez.
En una cocina pequeña, un accesorio merece su sitio cuando libera espacio justo cuando hace falta y vuelve a guardarse sin complicaciones.
